Estrés crónico

Estrés crónico

Crece el número de personas con enfermedades como la ansiedad y la depresión, las alteraciones digestivas, cardiovasculares, de carácter osteomuscular, las enfermedades degenerativas, las autoinmunes, el cáncer, disminuye la fertilidad... Y también aumentan las dolencias no diagnosticadas por la medicina convencional, dada la complejidad de los síntomas que experimentan los pacientes.

Queremos analizar lo que probablemente lo esté causando: el ESTRÉS. Cuando percibimos una circunstancia estresante que nos amenaza en algún sentido, el sistema nervioso autónomo simpático, se pone en marcha y, etonces, el cuerpo dispone al momento de recursos que va a necesitar para afrontar un peligro inminente. Las pupilas se dilatan para que podamos ver mejor y el ritmo cardíaco y la respiración se aceleran para que podamos correr, luchar o huir. Pasamos de pensar en forma creativa a activar nuestra parte más instintiva para poder sobrevivir.

Este mecanismo es perfecto a corto plazo. Nuestro cuerpo está disañado para soportar estas situaciones y, cuando el peligro cesa, el cuerpo vuelve a la normalidad.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el factor estrés no cesa? El cuerpo no recupera jamás ese equilibrio.
Como seres humanos, disponemos de un cerebro coronado con un gran lóbulo frontal que nos permite ser creadores, tanto para lo bueno como para lo malo. Este gran cerebro nos permite cavilar sobre nuestros problemas, revivir situaciones del pasado y, por supuesto, y si estamos viviendo en estrés crónico, es decir, si estamos en estado de supervivencia, nos hace prever el peor escenario posible para nuestro futuro.

Cuando vivimos en este modo de "supervivencia" nuestro cuerpo no realiza proyectos a medio ni a largo plazo, sólo sobrevive. Como seres humanos estamos preparados para afrontar un estrés agudo, pero no crónico. Por lo tanto, no podemos vivir continuamente en ese estado de supervivencia. Si lo hacemos, enfermemos.

Como hemos comentado con anterioridad, nuestro fantástico cerebro puede desencadenar una respuesta al estrés con un solo pensamiento y la emoción asociada al mismo. Por ejemplo, si recordamos una experiencia pasada que nos afectó de algún modo, el organismo volverá a reproducir la misma bioquímica que en el momento en que sucedió. 

Trabajando sobre nuestra parte energética, los pensamientos y emociones (a través del mindfulness, la meditación y el yoga), podemos aprender a pensar y a sentir de forma diferente a como lo hemos estado haciendo y nos ha llevado a enfermar. No es fácil, porque implica dejar de ser quienes somos, aunque también puede verse como "cambiar para ser una versión mejorada de uno mismo".

Además y, por supuesto, debemos trabajar sobre el cuerpo en desequilibrio, mejorando la nutrición, aportando cuando haya un déficit nutricional, utilizando tanto la medicina convencional, si fuera preciso, como otras medicinas (medicina china, fitoterapia, aceites esenciales...) y así podemos salir del estado de emergencia y restablecer la salud y vivir, no limitarnos a sobrevivir.

¡Únete al camino del cambio!

 

Regresar al blog